Miercoles 21 de Abril del 2021

Sobre la música y su clasificación

SOBRE LA MÚSICA Y SU CLASIFICACIÓN:

 

La música profana es el contrario de la música sacra, ya que la música sacra es creada respecto a Dios. Profano, no lo usamos como modo despectivo sino descriptivo, es toda música normal que escuchamos o tocamos en nuestra vida cotidiana fuera de la liturgia. (El folclore, pop, etc).

 

La música empleada en el culto debe estar libre de cualquier característica que vaya en menoscabo de la sacralidad de la liturgia, y por ello la exigencia concreta siempre ha sido rechazar las características de estilo que en cada momento han supuesto una evocación obvia a lo profano.

 

San Pío X, Tra le sollecitudini (1903):
“(La música sacra) debe ser santa y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo con que la interpreten los mismos cantantes. (Nº 2)”.

 

El canto gregoriano fue tenido siempre como acabado modelo de música religiosa, pudiendo formularse con toda razón esta ley general: una composición religiosa será más sagrada y litúrgica cuanto más se acerque en aire, inspiración y sabor a la melodía gregoriana, y será tanto menos digna del templo cuanto diste más de este modelo soberano. (Nº 3)

 

Musicae Sacrae (1955):

El progreso de este arte musical, a la par que demuestra claramente cuánto se ha preocupado la Iglesia de hacer cada vez más espléndido y grato al pueblo cristiano el culto divino, explica también, por otra parte, cómo en más de una ocasión la Iglesia misma ha tenido que impedir se pasaran los justos límites y que, al compás del verdadero progreso, se infiltrase en la música sagrada, depravándola, lo que era profano y ajeno al culto divino. (Nº 3)

 

La música debe ser santa. Que nada admita —ni permita ni insinúe en las melodías con que es presentada— que sepa a profano. (Nº 13)

 

Entre los instrumentos a los que se les da entrada en las iglesias ocupa con razón el primer puesto el órgano, que tan particularmente se acomoda a los cánticos y ritos sagrados (…). Pero, además del órgano, hay otros instrumentos que pueden ayudar eficazmente a conseguir el elevado fin de la música sagrada, con tal que nada tengan de profano, estridente o estrepitoso que desdiga de la función sagrada o de la seriedad del lugar. (Nº 18)

 

las indicaciones que la Sacrosanctum Concilium establece a propósito de la música sacra son introducidas con estas palabras:

 

Por tanto, el sacrosanto Concilio, manteniendo las normas y preceptos de la tradición y disciplinas eclesiásticas y atendiendo a la finalidad de la música sacra, que es gloria de Dios y la santificación de los fieles, establece lo siguiente (…) (Sacrosanctum Concilium 112).

 

¿Cuáles son esas “normas y preceptos de la tradición»? Lo hemos visto claramente. Desde el principio, de modo constante e ininterrumpido, la enseñanza de la Iglesia ha sido siempre la misma: la música en el culto debe estar desprovista en su estilo de cualquier elemento que recuerde el mundo profano.

 

Si la liturgia es el ámbito de lo sagrado, habrá que asumir los estilos que evocan lo sagrado y rechazar los que evocan lo profano. Esta ha sido la enseñanza tradicional y constante de la Iglesia.

 

Ahora bien, ¿qué estilo evoca lo sagrado y cuál lo profano?

 

Del mismo modo que un pasodoble evoca una corrida de toros, un baile popular o algo parecido, exactamente igual una canción pop evoca el mundo del pop y todo lo que lo rodea, que es la expresión por antonomasia de lo profano en el mundo actual.

 

En la liturgia de la Iglesia hay que rechazar firmemente la música profana y acoger la música sagrada.

 

Esta ha sido la enseñanza tradicional de la Iglesia. Una lectura atenta del magisterio no deja lugar a otra conclusión.

 

La liturgia ante todo es acción de Dios, desplegada en la tradición de la Iglesia a través del tiempo en un desarrollo orgánico y coherente. El olvido de esto en las ultimas décadas es la causa de la patente depauperación de la praxis litúrgica, que en la música sacra presenta rasgos verdaderamente penosos.

 

 

30 de septiembre, 2020.