Jueves 24 de Septiembre del 2020

Misa a la Chilena: Patrimonio Religioso de Chile

Estamos ad portas de la celebración de fiestas patrias en Chile, días de fiesta, días de gozo y celebración familiar. La Iglesia peregrina en Chile, unida a la Patria, eleva a Dios las oraciones de agradecimiento por nuestro país y nuestra historia. La música secular de raíz folclórica invade estos días para recordar nuestras celebraciones y la música religiosa también se suma al contexto festivo.

 

Abordar el tema de la misa de raíz folclórica, nos lleva al principio de esta música con las expresiones del canto a lo divino y los bailes chinos que eran manifestaciones antiguas de nuestro repertorio chileno. Por un lado, el canto a lo divino presenta su origen a raíces hispánicas y los bailes chinos a raíces precolombinas. Estas dos practicas han ido escogidas con mayor y menor tolerancia por la Iglesia Católica, restándolas como una manifestación religiosa popular. Para tranquilidad de los tradicionalistas, ambas practicas se han mantenido lejos de un proceso de urbanización y de su uso que que solo aparece en el ámbito de celebración religiosa de un tiempo determinado.

 

En la música religiosa, aparece un tipo de tonada que es vinculado a “La música litúrgica campesina”, que está ligada a la zona central de Chile y que tienen un carácter solemne y reflexivo. Estas tonadas comparten melodías con tonadas de música secular que es influenciada por la comunicación de tradición oral.

 

Con la existencia de la música religiosa folclórica, a fines de la década de los 50, aparece un grupo que nace de seminaristas de Los Sagrados Corazones de Villa Alemana que pasaron a ser llamados conjunto musical “Los Perales” quienes hasta el año 1961, habían grabado cuatro discos con canciones, cuecas y tonadas y que tuvieron una gran difusión en las emisoras de aquella época. Era un primer acercamiento a la música religiosa popular folclórica.  Este grupo constituye una especie de versión religiosa de los conjuntos de música folclórica de ese entonces como los Huasos Quincheros o los Huasos de Algarrobal.

 

El Concilio Vaticano II: Tradición y Modernidad

En los inicios de la agitada década de los 60, en el contexto de la distancia que había entre lo moderno y la Iglesia, el papa Juan XXIII convocó al “Concilio Ecuménico Vaticano II” que fue iniciado el 11 de octubre del año 1962 y cerrado en el año 1965 por Paulo VI, quien fuera su sucesor. Este concilio para muchos marcó sucesos que tuvieron consecuencias que para algunos aún no terminan de asimilarse.

 

Para Latinoamérica, el concilio Vaticano II significo cambios evidentes en temas sobres la liturgia. Una de ellas y dentro de las más importante que revolucionó a nivel práctico, fue el uso de las lenguas vernáculas en el culto, en donde el pueblo se  vinculó más a los actos litúrgicos y sacramentales. Este cambio de modernización lleva a la gente a  escuchar la misa en el idioma propio y también a cantarla. Hubo quienes buscaron una especie de modernización en la música litúrgica llevándolas a expresiones de melodías populares y masivas. En todo este contexto, aparecen las misas africanas, Misa Luba, Misa Bantú y también otras disposiciones conciliares en castellano de diversos estilos, tendencias y formas  en donde Chile no estuvo exento.

 

La Misa a la Chilena 

La idea sobre “La Misa a la Chilena”, comenzó a gestarse en 1960 después que el Compositor Vicente Bianchi escuchara la Misa Luba y la Misa Bantú. La idea de la Misa a la Chilena, el maestro Bianchi por  años  la estaba gestando y con la reforma del Concilio Vaticano II  sobre la lengua vernácula, se impulsó a seguir con esta obra. Él quiso en esos momentos brindar a la patria, a la Iglesia y al pueblo cristiano una obra de inspiración similar, pero bien chilena, sencilla, solemne, sin excesiva elaboración técnica y de fácil captación popular, y muy representativa de nuestra nacionalidad y devoción religiosa. Imposibilitó la tarea, en ese entonces, el hecho de que todos los textos de la Iglesia fueran en latín, pues la mezcla de esa lengua con los ritmos chilenos seguramente no habría resultado muy feliz.

 

Al concluir su obra musical, la llevo hacia un amigo sacerdote Salesiano quien quedó entusiasmo con dicha obra y fue entonces cuando llegó a oídos del Cardenal Raúl Silva Henríquez quien con entusiasmo apoyó la idea con fervor. Esta obra gestó una controversia en ese tiempo, pues el uso de la guitarra no era aceptado por los tradicionalistas y menos que una misa cantada terminara con una cueca. Pero, fue el mismo carnal quien  estrenó la obra en la capilla Santa Adela de Maipú  en el año 1965. Desde ahí se difundieron algunos cantos de aquella misa como “El Santo”, que con el tiempo, pasarían a hacer parte del patrimonio religioso de nuestro país.

 

La Misa a la Chilena está compuesta de cinco partes: «Kyrie», «Gloria», «Credo», «Sanctus» y «Agnus Dei», además de un «Aleluya» final. «Ella presenta los ritmos de la zona central de Chile, que a mi juicio son los más representativos de nuestra nacionalidad» Traducida al inglés, al sueco y al alemán, la obra ha cosechado gran éxito también en el extranjero, y junto a la segunda misa de Bianchi -Misa de la Cruz del Sur (1970), basada en los diez ritmos más representativos de América Latina- ha sido publicada en varios países de Europa, como Italia, Suecia, Holanda y Estados Unidos.

 

 

15 de septiembre del 2020.